( y no, no era yo y mi equipo😅)
🔔Hubo un momento en mi trabajo como comprador público en que sentía que todo me costaba el doble.
Los procesos se atrasaban ⏳
Las bases volvían una y otra vez 🔄
La presión siempre era la misma:
👉 “Es urgente”
Pero algo no me cuadraba…
Al principio pensé que el problema era
la normativa (por ser muy burocrática) 📚
los plazos ⏱️
el exceso de control ⚖️
Hasta que me di cuenta de algo incómodo (pero clave):
❗️muchas compras partían mal desde el origen.
Requerimientos sin objetivo claro
“Comprar por si acaso”
Y la clásica: “después vemos para qué se usa” 😬
- 🔥Cuando empecé a exigir claridad en el requerimiento:
- el proceso fluyó mejor
- las bases mejoraron
- disminuyeron los reprocesos
- el rol del comprador dejó de ser reactivo
No cambié la ley (porque no tengo facultades para aquello 😅).
No cambié el sistema.
No cambié el mundo, en definitiva.
👉 Cambié el punto de partida.
Hoy, antes de iniciar cualquier compra, siempre hago la misma pregunta
¿Para qué se necesita realmente este bien o servicio?
Porque una compra bien hecha
no empieza en el portal,
empieza en la definición de la necesidad.
Según yo
En Compras Públicas,
el mayor riesgo no es equivocarse en el procedimiento,
sino comprar sin saber qué problema se quiere resolver.
Y cuando el origen es confuso,
el proceso completo paga el costo.




