Después de estar más de 8 años en el sector público y de haber trabajado en instituciones como el MINVU y el Banco Central de Chile, llegar al sector privado significó para mí entrar a una forma distinta de mirar los desafíos.
Y hubo algo que no esperaba.
En Falabella me encontré con un líder que, sin proponérselo, empezó a cambiar mi forma de pensar sobre el trabajo.
No fue con una clase.
Tampoco con una presentación.
Fue simplemente viendo cómo lideraba.
Y me quedo con dos aprendizajes que probablemente voy a llevar conmigo durante muchos años.
🤝 Primero: reúne a la gente correcta.
Las cosas importantes rara vez las construye una sola persona.
Cuando logras sentar en la misma mesa a personas con distintas capacidades, experiencias y formas de mirar un problema, empiezan a ocurrir cosas que individualmente parecían imposibles.
El talento suma.
Pero el talento bien conectado multiplica.
🎯 Segundo: no te enamores de una sola propuesta de valor.
Construye una.
Prueba.
Si no funciona, aprende.
Construye otra.
Y otra.
Porque quizás varias no lleguen a destino.
Pero cuando encuentras la que realmente resuelve un problema y genera valor…
la vas a romper.
Y probablemente todo el esfuerzo anterior habrá valido la pena.
Lo más interesante es que este líder quizás nunca dimensione el impacto que ha tenido en mí.
Me ha dado energía para levantarme con ganas de ir a trabajar, intentar cosas nuevas y querer dar un poco más cada día.
Y creo que eso dice mucho del liderazgo.
Porque los buenos líderes no solo consiguen resultados.
Cambian la forma en que las personas que trabajan con ellos miran lo que es posible.
Mi conclusión:
En nuestra trayectoria profesional recordamos muchos proyectos, cargos y empresas.
Pero hay algo que recordamos todavía más:
a las personas que hicieron que creyéramos que podíamos llegar más lejos.
Esos líderes marcan carreras.
Y cuando tienes la suerte de encontrarte con uno, se agradece.




