Hace unos años me tocó revisar una licitación que llevaba semanas “en evaluación”.
Papeles por todos lados.
Criterios que cambiaban según quién opinaba.
Y la típica frase: “según mi criterio…” 🤦♂️
El resultado ya lo puedes imaginar:
👉 retrasos
👉 reprocesos
👉 y lo peor… decisiones poco defendibles
Y no, no era un problema de capacidad del equipo.
Era algo mucho más estructural.
Cuando no hay procedimiento, cada persona inventa el suyo
En compras públicas esto es crítico.
- Porque cuando no existen:
- bases tipo claras
- matrices de evaluación definidas
- criterios objetivos y trazables
Lo que termina pasando es simple
👉 cada proceso se vuelve único
👉 cada decisión se vuelve discutible
👉 y cada resultado pierde credibilidad
El cambio no es complejo… pero sí incómodo
La diferencia entre el caos y una buena gestión no está en trabajar más.
Está en estandarizar.
- Cuando implementas:
- procedimientos claros
- checklists
- criterios predefinidos
- validaciones (sí, incluso ese “check CGR” 😉)
Todo cambia
- el equipo trabaja más rápido
- las decisiones se sostienen
- y el proceso deja de depender de personas
La gran confusión
Muchos creen que estandarizar es burocracia.
Pero en realidad…
👉 la burocracia nace cuando no hay estándar
👉 cuando todo se redefine cada vez
👉 cuando nadie tiene claridad
Mi Conclusión
Estandarizar no te quita flexibilidad.
Te da control.
Y en compras públicas, donde cada decisión puede ser observada, cuestionada o auditada…
👉 no puedes depender del “criterio personal”
👉 necesitas procesos que hablen por sí solos
Porque al final del día…
no gana el proceso más rápido,
gana el proceso más defendible.




