Hace unos días leía un chat de compras públicas y una funcionaría decía.
“Todo iba bien… hasta que alguien decidió hacer trato directo sin justificarlo bien.”
Resultado: observaciones, retrasos… y un proceso que terminó siendo más lento que una licitación pública.
Y ahí está el punto
En compras públicas, no todos los caminos llevan al mismo resultado.
Elegir mal el procedimiento no es un detalle técnico…
es una decisión que impacta la transparencia, la competencia y hasta la legalidad del proceso.
Porque, como bien sabes
📌 La licitación pública es la regla: abierta, competitiva y transparente.
📌 La licitación privada es excepcional: requiere justificar causales y convocar al menos 3 proveedores.
📌 El trato directo es aún más restrictivo: sin competencia y con acto administrativo fundado.
Pero eso no es todo…
Hoy el sistema también incorpora herramientas más sofisticadas
🛒 Convenios Marco para compras estandarizadas, de uso recurrente y universal.
⚡ Compra Ágil para respuestas rápidas (≤ 100 UTM)
💬 Diálogo Competitivo para necesidades complejas
💡 Contratos de Innovación cuando el mercado aún no tiene la solución
Entonces la pregunta clave es
¿Estás eligiendo el procedimiento correcto… o el más cómodo?
- Porque cuando eliges bien:
- reduces riesgos
- mejoras la competencia
- obtienes mejores resultados para el Estado
- Pero cuando eliges mal…
- aumentan las observaciones
- se debilita la probidad
- se pierde valor público
Un cierre para reflexionar
Como plantea la profesora Trinidad Inostroza
“La correcta aplicación de la normativa no es solo una obligación legal, sino una garantía de buen uso de los recursos públicos.”
Y en compras públicas, eso lo cambia todo.




