Todos conocemos esa escena del Día del Padre.
Uno espera quizás algo pensado con cariño, útil, personalizado…
pero termina recibiendo los clásicos calcetines, una taza, o ese cuadro hecho con fideos y palitos de helado que nadie vio venir. 🧦😅
Y ojo: no está mal.
Hay cariño. Hay intención. Hay esfuerzo.
El problema es otro: la expectativa nunca fue bien comunicada.
En compras públicas pasa algo muy parecido.
Una unidad interna solicita un producto o servicio esperando una solución concreta, funcional y alineada a su necesidad. Pero si las bases no están bien definidas, si los requisitos técnicos son ambiguos, si los criterios de evaluación no apuntan al resultado esperado, entonces puede ocurrir lo inevitable:
Llega algo que cumple “formalmente”…
pero que no resuelve realmente el problema. 📄➡️📦
Y ahí aparecen las frases conocidas:
“Esto no era lo que pedimos.”
“Pensamos que venía incluido.”
“Nos faltó especificarlo.”
“El proveedor cumplió, pero no era lo que necesitábamos.”
La compra no falla cuando se adjudica.
Muchas veces falla mucho antes: cuando no se traduce bien la necesidad en bases claras, medibles y evaluables.
Por eso, antes de publicar una licitación, una compra ágil o cualquier requerimiento, vale la pena detenerse y preguntar:
¿Qué necesito realmente?
¿Qué resultado espero obtener?
¿Qué requisitos son mínimos e indispensables?
¿Qué criterios permitirán elegir la mejor solución y no solo la más barata?
¿Qué riesgos debo anticipar?
Porque comprar bien no es solo subir un proceso al sistema.
Comprar bien es entender la necesidad, escribirla con precisión y diseñar reglas que permitan recibir exactamente aquello que agrega valor. 🧩
En el Día del Padre, un regalo inesperado puede terminar siendo una anécdota familiar.
Pero en una compra pública, una mala definición puede convertirse en retrasos, reclamos, incumplimientos, costos adicionales y frustración para el usuario interno.
Mi conclusión:
Si las bases no reflejan correctamente la necesidad, no podemos culpar al resultado por no parecerse a lo que imaginamos. En compras, como en la vida, recibir lo esperado empieza por saber pedirlo bien.




